miércoles 4 de junio de 2008

POESIA PARA NIÑOS 1

La ratita Rita
tiene un vestido
de lunares blancos
y bordadillo.

Se lo compró el domingo
en el mercadillo.

Con su vestido nuevo
se va al cine
para ver una película
de espadachines.

La ratita Rita,
es una ratita fina
se peina su cola
con brillantina.

A la ratita Rita
le gusta el queso,
y se hace tortitas
para el almuerzo.

La ratita Rita está muy triste;
ha perdido el lazo que tú le diste.

¡Pobre ratita Rita,
cómo lloraba!
porque había perdido el lazo
que más le gustaba.
El ratoncito Tito
ha decidido
comprarle un lazo nuevo
para el vestido.

Será de seda blanca
y bien cosido
para que la ratita Rita no lo pierda
en un descuido.
ANTONIO AVILÉS

POESÍA PARA NIÑOS

Para mis niños.
Para ellos
y los que, como ellos,
aún tienen los ojos cargados de fantasía.

Para los que miran de frente
con la mirada fiel
del alma inocente
Para los que aún ven en el mar
un sendero pirata,
que se ha de surcar
con un parche en el ojo,
una espada que no mata
y de palo una de sus patas.

Para ellos,
por su paciencia,
por aguantar mis gritos
y mis “rabietas”.

Para que perdonen a este mayor
que dejó atrás su infancia
sin haber encontrado la inocencia.
ANTONIO AVILÉS RODRÍGUEZ

viernes 14 de marzo de 2008


Antonio Avilés Rodríguez

Astillas en las manos


A ti que más te da si el mundo se deshace en pedazos y en cada esquina

estalla una guerra, que siempre pierden los inocentes y los poetas.

Apenas tienes aliento para seguir andando...,y te piden que corras.

Apenas te sale la voz...,y estás obligado a cantar las loas de quienes, en su loca omnipotencia, inventan cada día una idea nueva para matarse o una guerra más para iniciar.

Por qué te vas a quejar si en tus oídos no resuenan los disparos

ni los llantos; si un cómodo sofá recoge tu obeso y descansado cuerpo.

De qué, si tu hijo descansa dulcemente en su cuna, ahíto de biberón y cariño;

si tienes el frigorífico repleto de ilusiones y el estómago lleno de esperanzas.

Cuál puede ser tu queja, si te dan tu voz y tu palabra

y puedes, si quieres, decir lo que piensas y callar lo que te dé la gana.

De qué, pregunto, puedes quejarte, si ves en la tele el hambre,

la guerra, la tortura y las matanzas.

Quizá, por lo único que puedas quejarte es por ellos;

pensar que tú lloras de vicio y ellos... ¡ ni llorar pueden !

viernes 7 de marzo de 2008

JOSE ANTONIO ROMERO



La herida.

La soledad era un cuerpo desnudo

sobre una sábana fría,

era tu cuerpo inmóvil y mi contemplación muda.

Tus ojos grises paseando

por parques decrépitos un sábado en la tarde.

La estúpida sensación de que

no necesitas a nadie que te despierte

cuando sucumbes al delirio de una pesadilla.

La soledad era un trozo de nieve en mis bolsillos,

una ola enorme y rizada

tragándose

mi mundo reducido a cien noches huecas.

Eran tus ojos grises devorando mis pies,

mordiendo mis rodillas

hasta sentir el frío tacto de una uña.


Visión de un náufrago.

He visto nuestros días juntos.

La niña dormía debajo de tus besos,

acurrucada en ti,

dejando que tu voz la meciese quedamente.

La lluvia levantaba grietas

y los años que pasé queriéndote

se me hicieron, de repente, efímeros pedazos de tarde.

Mis manos escudriñaban tu pelo,

he visto como tu tacto se impregnaba en mí.

Las mañanas olían a sol

y descubrían tu rostro entre mis sábanas.

Te he visto a ti,

poniendo parches a los días rotos

por la lluvia que levantaba grietas

y que impedía mirarnos

a los ojos.

ANTONIO AVILÉS RODRÍGUEZ

EL PARQUE DE LAS GOLONDRINAS (haikus)

1
Hechas de aire

las golondrinas rasgan

la luz del cielo.


Equilibristas,

en el viento temblando

sus vidas quedan.


Negras cuchillas,

sus afiladas curvas

en la noche cierran.


Hechas deseo

los mañanas nuevos

rezando esperan.

2

Mal herido va

el chamariz que vuela,

su sangre canta.


Sangra la rosa.

En sus albores blancos

rocío grana.


Triste el loto,

en las aguas yace

su alma rota.


Me hiere el viento,

luto rojo sus alas.

Llorando quedo


Ruiseñor, calla.

Tu silencio es blanco:

viento, loto y rosa.






lunes 7 de enero de 2008

Amado Lumbela. A veces

A veces


A veces, la poesía desciende hasta el hombre
para aclarar conceptos enfangados
entre sus cristalinas fibras de pureza,
hundiéndose entre nieblas que deben resolverse
ante la emanación de luz que estalla entre sus letras.

A veces, la poesía demacra su incólume semblante
para adentrarse en horrísonos vocablos,
cual melodía trastocada en diapasones disonantes
que inicia el retorno a la armonía plena.

A veces, la belleza atrae lo abominable
para encauzarlo hacia el vértice donde todo confluye
por fúlgidos tamices que impregnan transparencia
al oscuro caudal que llega de la tierra.

A veces, el poeta,
potencial encarnado de una existencia extrema,
toma su forma humana al final de la conciencia
para extraer señales de herméticas esferas,
y en un lenguaje frágil que pierde las esencias
derrama sobre el mundo la vida en un poema.

Carlos H. Millán. Trabajo árboles

Trabajo árboles,
alamedas huérfanas de luz
que nunca vimos.

Memoria de tu nombre,
del tiempo inaprensible y la roca perenne,
de la tierra
(centinela inamovible del término y el origen);

memoria de los libros,
las cartas
(tu voz junto a la mía),

del tacto que deshiela el ansia solitaria de habitarte.

Antonio Avilés Rodriguez. Si el hombre es dueño

Si el hombre es dueño de la palabra,
a ella me aferro para llamarle.
A su voz y a sus sonidos,
a la inquebrantable liturgia de la conversación
y del discurso,
la suprema coalición de los vocablos,
unidos como eslabones
hasta formar el fuerte armazón de las ideas.

A su poder me agarro
con uñas de hierro,
para pedirle verdades,
para evitar la subyugación,
el claudicar de los verbos
en vacía retórica:
falsos escaparates de corazones huecos
a los que les falta el sentido
y el alma.

Si el hombre es dueño de la palabra
que la utilice para salvarse
o cargue para siempre con su culpa.

Juan Andújar Martínez. Aroma de recuerdo...


Aroma de recuerdo...
la luz dorada de las farolas
persigo en otoñales huellas vestidas
de humedad:
primeras escarchas en atardeceres de azules.
Gravita tu perfume,
pesada esencia de música y llanto dormidos
en altares pasajeros.
Suspiros de memoria ultiman vuelos ilusorios
cayendo en picado sobre atávicos
amores enmascarados.
Arrinconado el cuerpo
y colgada el alma en cualquier alero...
te espero