Trabajo árboles,
alamedas huérfanas de luz
que nunca vimos.
Memoria de tu nombre,
del tiempo inaprensible y la roca perenne,
de la tierra
(centinela inamovible del término y el origen);
memoria de los libros,
las cartas
(tu voz junto a la mía),
del tacto que deshiela el ansia solitaria de habitarte.
lunes 7 de enero de 2008
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