viernes 7 de marzo de 2008

JOSE ANTONIO ROMERO



La herida.

La soledad era un cuerpo desnudo

sobre una sábana fría,

era tu cuerpo inmóvil y mi contemplación muda.

Tus ojos grises paseando

por parques decrépitos un sábado en la tarde.

La estúpida sensación de que

no necesitas a nadie que te despierte

cuando sucumbes al delirio de una pesadilla.

La soledad era un trozo de nieve en mis bolsillos,

una ola enorme y rizada

tragándose

mi mundo reducido a cien noches huecas.

Eran tus ojos grises devorando mis pies,

mordiendo mis rodillas

hasta sentir el frío tacto de una uña.


Visión de un náufrago.

He visto nuestros días juntos.

La niña dormía debajo de tus besos,

acurrucada en ti,

dejando que tu voz la meciese quedamente.

La lluvia levantaba grietas

y los años que pasé queriéndote

se me hicieron, de repente, efímeros pedazos de tarde.

Mis manos escudriñaban tu pelo,

he visto como tu tacto se impregnaba en mí.

Las mañanas olían a sol

y descubrían tu rostro entre mis sábanas.

Te he visto a ti,

poniendo parches a los días rotos

por la lluvia que levantaba grietas

y que impedía mirarnos

a los ojos.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Ahora no puedo escribir mucho, pero que sepas que me han encantado... eres tan precioso...jejeje. Muchos besos y cuidate!