lunes 7 de enero de 2008

Amado Lumbela. A veces

A veces


A veces, la poesía desciende hasta el hombre
para aclarar conceptos enfangados
entre sus cristalinas fibras de pureza,
hundiéndose entre nieblas que deben resolverse
ante la emanación de luz que estalla entre sus letras.

A veces, la poesía demacra su incólume semblante
para adentrarse en horrísonos vocablos,
cual melodía trastocada en diapasones disonantes
que inicia el retorno a la armonía plena.

A veces, la belleza atrae lo abominable
para encauzarlo hacia el vértice donde todo confluye
por fúlgidos tamices que impregnan transparencia
al oscuro caudal que llega de la tierra.

A veces, el poeta,
potencial encarnado de una existencia extrema,
toma su forma humana al final de la conciencia
para extraer señales de herméticas esferas,
y en un lenguaje frágil que pierde las esencias
derrama sobre el mundo la vida en un poema.

Carlos H. Millán. Trabajo árboles

Trabajo árboles,
alamedas huérfanas de luz
que nunca vimos.

Memoria de tu nombre,
del tiempo inaprensible y la roca perenne,
de la tierra
(centinela inamovible del término y el origen);

memoria de los libros,
las cartas
(tu voz junto a la mía),

del tacto que deshiela el ansia solitaria de habitarte.

Antonio Avilés Rodriguez. Si el hombre es dueño

Si el hombre es dueño de la palabra,
a ella me aferro para llamarle.
A su voz y a sus sonidos,
a la inquebrantable liturgia de la conversación
y del discurso,
la suprema coalición de los vocablos,
unidos como eslabones
hasta formar el fuerte armazón de las ideas.

A su poder me agarro
con uñas de hierro,
para pedirle verdades,
para evitar la subyugación,
el claudicar de los verbos
en vacía retórica:
falsos escaparates de corazones huecos
a los que les falta el sentido
y el alma.

Si el hombre es dueño de la palabra
que la utilice para salvarse
o cargue para siempre con su culpa.

Juan Andújar Martínez. Aroma de recuerdo...


Aroma de recuerdo...
la luz dorada de las farolas
persigo en otoñales huellas vestidas
de humedad:
primeras escarchas en atardeceres de azules.
Gravita tu perfume,
pesada esencia de música y llanto dormidos
en altares pasajeros.
Suspiros de memoria ultiman vuelos ilusorios
cayendo en picado sobre atávicos
amores enmascarados.
Arrinconado el cuerpo
y colgada el alma en cualquier alero...
te espero