viernes 14 de marzo de 2008


Antonio Avilés Rodríguez

Astillas en las manos


A ti que más te da si el mundo se deshace en pedazos y en cada esquina

estalla una guerra, que siempre pierden los inocentes y los poetas.

Apenas tienes aliento para seguir andando...,y te piden que corras.

Apenas te sale la voz...,y estás obligado a cantar las loas de quienes, en su loca omnipotencia, inventan cada día una idea nueva para matarse o una guerra más para iniciar.

Por qué te vas a quejar si en tus oídos no resuenan los disparos

ni los llantos; si un cómodo sofá recoge tu obeso y descansado cuerpo.

De qué, si tu hijo descansa dulcemente en su cuna, ahíto de biberón y cariño;

si tienes el frigorífico repleto de ilusiones y el estómago lleno de esperanzas.

Cuál puede ser tu queja, si te dan tu voz y tu palabra

y puedes, si quieres, decir lo que piensas y callar lo que te dé la gana.

De qué, pregunto, puedes quejarte, si ves en la tele el hambre,

la guerra, la tortura y las matanzas.

Quizá, por lo único que puedas quejarte es por ellos;

pensar que tú lloras de vicio y ellos... ¡ ni llorar pueden !

viernes 7 de marzo de 2008

JOSE ANTONIO ROMERO



La herida.

La soledad era un cuerpo desnudo

sobre una sábana fría,

era tu cuerpo inmóvil y mi contemplación muda.

Tus ojos grises paseando

por parques decrépitos un sábado en la tarde.

La estúpida sensación de que

no necesitas a nadie que te despierte

cuando sucumbes al delirio de una pesadilla.

La soledad era un trozo de nieve en mis bolsillos,

una ola enorme y rizada

tragándose

mi mundo reducido a cien noches huecas.

Eran tus ojos grises devorando mis pies,

mordiendo mis rodillas

hasta sentir el frío tacto de una uña.


Visión de un náufrago.

He visto nuestros días juntos.

La niña dormía debajo de tus besos,

acurrucada en ti,

dejando que tu voz la meciese quedamente.

La lluvia levantaba grietas

y los años que pasé queriéndote

se me hicieron, de repente, efímeros pedazos de tarde.

Mis manos escudriñaban tu pelo,

he visto como tu tacto se impregnaba en mí.

Las mañanas olían a sol

y descubrían tu rostro entre mis sábanas.

Te he visto a ti,

poniendo parches a los días rotos

por la lluvia que levantaba grietas

y que impedía mirarnos

a los ojos.

ANTONIO AVILÉS RODRÍGUEZ

EL PARQUE DE LAS GOLONDRINAS (haikus)

1
Hechas de aire

las golondrinas rasgan

la luz del cielo.


Equilibristas,

en el viento temblando

sus vidas quedan.


Negras cuchillas,

sus afiladas curvas

en la noche cierran.


Hechas deseo

los mañanas nuevos

rezando esperan.

2

Mal herido va

el chamariz que vuela,

su sangre canta.


Sangra la rosa.

En sus albores blancos

rocío grana.


Triste el loto,

en las aguas yace

su alma rota.


Me hiere el viento,

luto rojo sus alas.

Llorando quedo


Ruiseñor, calla.

Tu silencio es blanco:

viento, loto y rosa.